27.5.12

Gesticular raro

Me acabo de descubrir observando a un chaval que se ha dado cuenta y ahora se siente observado. Y en seguida ha empezado a gesticular raro. Sabe que le estoy mirando y no es capaz de hacer un gesto que no sea impostado. Y yo trato de disimular para que deje de comportarse así porque me violenta un poco, pero no puedo evitarlo. Con lo que los dos estamos incómodos. Yo, porque no puedo parar de observar sus gestos extraños, y él porque se siente observado.

Vagón de metro


Un vagón con olor a laboratorio medio vacío y medio lleno. Una mujer mayor mira insistentemente a una joven para que le ceda el asiento. Una mujer joven observa a un chico mirando a una adolescente, pensando en lo mucho que hace desde que la miraron a ella, y lo poco también. Un borracho entona una extraña saeta dedicada a una chica que le ignora mientras charla con otra en holandés. Se abren las puertas. Entra un ciego con un perro y un hombre empujando un carrito enorme de bebé. Todo el mundo observa al ciego. El perro mira a todo el mundo pero a él nadie le ve.

23.5.12

Un año después del 15M, un día después de una manifa

He pasado el primer aniversario del 15M en Cuba, en La Habana. Aunque ha sido por pura casualidad, ahora me doy cuenta de que necesitaba desconectar, alejarme. Había llegado a ese punto en que todo lo que veía y hacía me parecía inútil, o demasiado lento, ante una realidad cada día más violenta, más opresora, más asfixiante. 


A lo largo de todo este año de sentadas, protestas y manifestaciones, de cargas policiales, de sufrir una retención policial absolutamente demente, la otra realidad que vivía era y es aún peor. Cada vez más gente durmiendo en la calle, las colas para los comedores sociales se han multiplicado, se han llenado de niños, de padres de familia de lo que antes calificábamos con tanta facilidad de clase media. 


Al volver de mi viaje, me he encontrado con una huelga por la Educación Pública, a cuya manifestación por supuesto asistí ayer. El ambiente era fantástico, las calles teñidas de camisetas de color verde, gente de todas las edades defendiendo algo tan básico que hasta duele el tenerlo que explicar. Pero la cosa terminó como siempre. Cargas policiales en Gran Vía y más tarde en Sol contra grupos de estudiantes. Una violencia por parte de la UIP absolutamente desmedida y gratuita que estoy ya harta de ver. Así que, una vez más, me fui a casa agotada, con los hombros caídos, triste y muerta de rabia, caminando entre macarras vestidos de azul que movían sus lecheras por las aceras de la Puerta del Sol con una chulería y un desprecio por el ciudadano, como si de su pequeña parcela en una urbanización privada de mala muerte se tratara. 

Y lo que más me cuesta es pensar que esa sensación se va a repetir, va a ir a más, va a ir a peor. Porque en pocos meses, ni siquiera podré pagar el alquiler, y como yo tantos y tantos otros. Con lo que ese camino de vuelta, triste y rabiosa, ni siquiera será hacia mi propia casa. Así que, mientras nuestra realidad se desmorona a pasos agigantados, a lo mejor habría que plantearse llevar un ritmo de acción más acorde con el de ellos, porque está claro que nos estampamos, y no solo es que a ellos les de igual, sino que tienen prisa.


He estado viendo fotos y vídeos del 12M15M, hablando con gente que ha participado activamente y me ha contado todo lo que me he perdido, y lo que sí he descubierto con mucha alegría tras la manifestación de ayer, es un cambio en la actitud de la gente de fuera del movimiento, en cómo nos miraban desde las aceras, cómo nos apoyaban y nos lanzaban gritos de ánimo. Ya no somos bichos raros, y ese cambio me parece enorme, me parece gigantesco, y hay que aprovecharlo. 


Yo no tengo las claves, lógicamente, pero si os apetece participar, se admiten todo tipo de opiniones y propuestas. 

Fotos y vídeos de la manifestación por la Educación Pública